miércoles, septiembre 19, 2007

BERTOLT BRECHT, El compromiso en Literatura y Arte.

SOBRE CARÁCTER POPULAR Y REALISMO

1 - La vuelta al pueblo
Una parte de la literatura emigrada (fugada, expulsada, discriminada) continúa dirigida a la clase burguesa. Denuncia la extirpación de ideales humanistas, habla de barbarie tras barbarie. Señala ocasionalmente que las medidas inhumanas están asociadas a ciertos beneficios, hasta a intereses de clase. Pero no hace constar que la liquidación de los ideales humanistas sirve al mantenimiento de la situación burguesa de la propiedad. Con toda ingenuidad intenta convencer a la burguesía de que esta situación podría mantenerse igualmente sin estas mediadas inhumanas, con más bondad, libertad, humanidad. El pueblo encontraría probablemente tales ingenuidades, caso de que se presentaran, un poco cómicas. Creería estar asistiendo a una conversación sobre cuánta opresión se necesita para mantener la explotación. Si la cosa anda sin guerra o sólo con ella. Si con una guerra humana o inhumana. Etcétera, etcétera. Donde no se completa aún el lema ¡En pro del humanismo! con el lema ¡Contra la situación de propiedad privada!, no se realiza aún la vuelta de la literatura al pueblo.

2 - El momento
Y finalmente, a fin de someter a juicio un intento determinado, hay también que informar de cuándo ha tenido lugar. El colocar ciertas pinturas en las paredes interiores de barcos puede ser muy insensato, si tiene lugar en un momento en el que se ha empezado ya a naufragar, como bien puede ocurrir en el caso de estallar una guerra naval. Realmente, y para continuar con esta imagen, encontramos aún en el momento mismo de la zozobra artistas ocupados en idear y ejecutar cuadros.

3 - Volverse hacia todos
No es necesario formular la pretensión de que las obras artísticas sean inmediatamente inteligibles para todos aquellos que lleguen a verlas, si se quiere tener una literatura para el pueblo. El pueblo puede hacer suyas obras literarias de muchos tipos, en grupos, incluso en grupos pequeños, que comprenden con prontitud y propagan la comprensión, o bien ateniéndose a una que otra cosa de las obras en cuestión que comprende en seguida y a partir de lo cual, haciendo deducciones dentro del contexto, se explica lo que en un principio no comprendía. Escribir para pequeños grupos no es sinónimo de menospreciar al pueblo. Depende de si estos grupos por su parte sirven a los intereses del pueblo o los obstaculizan. De hecho se obstaculizan ya los intereses del pueblo cuando estos círculos pueden utilizar su suministro para sostenerse a sí mismos y cuando se persiguen (y el escritor los posibilita) monopolios. La corriente tiene que desbordar los propósitos, por decirlo así.

4 - Popular desde arriba
Este concepto tiene, sin duda, algo de altanero. La palabra, por decirlo así, es pronunciada de arriba abajo. Parece contener una pretensión de máxima simplificación. Hay que hacer algo por el pueblo, ¡fuera el caviar! Algo que el pueblo comprenda, puesto que es algo lerdo. El pueblo es una cosa atrasada. Hay que darle las cosas en bandeja, como está acostumbrado. Le cuesta aprender, no es accesible a lo nuevo. El poeta proletario danés Henry Jul Andersen escribió una poesía sobre las costumbres, cadenas de esclavos. Nosotros no tenemos nada que ver con este concepto de popular dicho desde arriba. Escribir para el pueblo: no es ningún problema formal.

5 - Los poetas, órganos del pueblo
El pueblo, que utiliza a los poetas, a algunos de ellos, como órganos de expresión suyos, desea que su voz sea tenida en cuenta, no que se le regalen los oídos. Desea que se sirva a sus intereses, a todo el gigantesco complejo de sus intereses, desde los más desnudos, existenciales, hasta los más sublimes. Está tanto y tan poco interesado en la forma de novela como en la forma de gobierno. No se trata de conservación. La continuación de la tradición no es para él nada sagrado, a veces se realiza de forma sacrílega.


LITERATURA POPULAR

Que una obra literaria sea o no popular, no es cuestión de forma. No que, para ser comprendido por el pueblo, haya que evitar expresiones desacostumbradas, tomar puntos de vista corrientes tan sólo, en absoluto. No es de desinterés para el pueblo atribuir fuerza dictatorial a sus costumbres (aquí, costumbres de lectura). El pueblo entiende expresiones osadas, aprueba nuevos puntos de vista, vence dificultades formales, cuando hablan sus intereses. Entiende a Marx mejor que a Hegel; cuando ha sido formado en el marxismo, entiende a Hegel. Rilke no es popular; para percatarse de ello, no es necesario leer sus complicadas poesías, formalmente amaneradas; tampoco aquellas poesías suyas escritas en tono de canto popular son populares. Lukács saca a relucir una estrofa muy ilustrativa (“Y si le entrara la tristeza”); formalmente es inteligible, mucho más inteligible que las estrofas de Maiakowski. Pero lo que encierra no es lo que el pueblo calificaría precisamente de entendimiento. Es formalista en cuanto que se recita en el tono compasivo de las bestialidades y la compasión va dirigida hacia el delincuente. Ahí se expresa la tristeza como si cualquiera pudiera participar en ella, lo cual no es así. Sobre el papel, formalmente, mediante una simple elección de forma, mediante un artificio estético, se crea la impresión de que el pueblo podría cantarla, es decir, pensar y sentir con ella. Si el pueblo pensara y sintiera así, traicionaría sus intereses. En las otras poesías “más complicadas”, “más sublimes”, del mismo autor, se puede comprobar esta misma oposición al pueblo, en otra forma. Es la huida de la banalidad para refugiarse en el esnobismo. De la nada se crea algo. En cuanto al contenido no es nada, en cuanto a la forma es algo. En cuanto al contenido es viejo, en cuanto a la forma nuevo. Estas poesías, en parte de una manera inteligible, en parte de una manera ininteligible, “no dicen nada al pueblo”.

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